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IIGM desde el constructivismo


La siguiente publicación tratará de poner en relación las teorías del constructivismo social - dentro de la materia de relaciones internacionales – (tema estudiado durante esta semana) y ciertos factores que se dieron mientras la humanidad de principios de siglo XX se batía en una brutal Segunda Guerra Mundial. Con ello, pretendemos hacer ver hasta qué punto y cómo de aplicables son los conceptos adquiridos a lo largo de esta semana a la vida real (historia del ser humano, en este caso). 

Siendo así, el constructivismo resulta una teoría apoyada en cuatro pilares básicos. Estos principios no son irrepetibles, es decir, a veces hasta son compartidos con ciertas teorías relacionadas a las relaciones internacionales, pero su combinación si resulta única. El primer punto sostiene una alternativa al materialismo en la que, la materia llevada a estudio no reside en el valor monetario sino en el factor humano que es representado por dicho valor. Las relaciones entre países serán efímeras, no permanentes y dependerán de los intereses propios. El estudio se basará en una mezcla de creencias, expectativas e interpretaciones. Las relaciones internacionales de los años 1939-45 son claro ejemplo de lo ya mencionado (Alemania-Italia).

 En segundo lugar, encontramos la construcción de los intereses de estado. Dichos intereses, como es lógico, podrán llegar a dar casos de coalición o agrupamiento entre países en el hipotético caso de que los intereses coincidieran o fueran en una misma dirección. Pero como ya hemos dicho, las relaciones son efímeras, en caso de contradicción de intereses estas alianzas quedarías obsoletas. Un ejemplo básico es el pacto Ribbentrop-Molotov por la repartición de Polonia entre Alemania y la Unión Soviética (1939); pacto militar que duró hasta que los intereses nazis y soviéticos se volvieron en contra.

 El tercer pilar del constructivismo reside en una constitución mutua de estructuras y agentes, siempre que se entienda la estructura como una institución que actúa en terreno internacional y al agente como un agente en ese mismo contexto internacional. Estos dos factores son los que definirán a un país internacionalmente, es decir, de cara al resto de las naciones. Por ejemplo, en el momento en el que el gobierno nazi dejaba de respetar el tratado de Versalles (impuesto como castigo a Alemania en la Primera Guerra Mundial) hacía que la Alemania Nazi resultara hostil a las demás naciones (las cuales acordaron el tratado).

  Por último, el cuarto punto es constituido por las múltiples lógicas de la anarquía.

  Pero dentro del la corriente constructivista también divisamos ciertas controversias o debates. Entre ellos figurará de forma resaltante la diferenciación entre positivistas y post-positivistas: los primeros defenderán el estudio de x patrones con objeto de poder estudiar y clasificar las distintas relaciones que surgen entre países en conductas generalizadas mientras que los segundos alegarán que esa tendencia conductista de basarse en el “causa-efecto” no es siempre la acertada. A nuestro parecer, teniendo en cuenta que las relaciones entabladas entre naciones surgen a raíz de diferentes tipos de intereses (y aún más en tiempos de guerra) optamos por acomodarnos dentro de una perspectiva post-positivista y no en una meramente positivista.

  Como conclusión, creemos que es posible aplicar los conceptos aprendidos con objeto de entender los diferentes tipos de relaciones internacionales surgidas – sobre todo en occidente – en época de la Segunda Guerra Mundial.

Antón Álvarez, Beñat Azurmendi, Pablo Fuste y Asis Gomez

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